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El bienestar ciudadano
Salgamos entonces del tormento y procuremos el bienestar, construyendo los espacios requeridos para hacerlo efectivo.      
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Viernes, 1 de Mayo de 2026

Cuando a las ciudades les llega el crecimiento, la avalancha las atropella, las interfiere abruptamente y las llenan de problemas que poco a poco se van convirtiendo en irresolubles debido a la magnitud que van formando, pues los ciudadanos se multiplican a la par que los vehículos, el comercio, los establecimientos de diversión y toda clase de actividades que se desenvuelven dentro de las urgencias de la vida diaria.

Y lo que vemos es que la mayoría de los administradores no cuentan con la capacidad, ni administrativa, ni logística, ni técnica para abordar la problemática que los invade, lo que hace que las soluciones diseñadas nunca llegan a atacar los problemas de raíz, lo que hace que las acciones sean siempre precarias, muchas veces desatinadas y siempre pensando en aplicar remiendos simples a problemas que se van volviendo estructurales y penosos para la ciudadanía.

Las ciudades de hoy requieren de grandes planificadores, que conozcan las realidades, que les asistan el conocimiento y la experiencia, y que tengan la capacidad mental para dimensionar las verdaderas realidades para de esta manera estar en condiciones de diseñar las soluciones.

El bienestar ciudadano está permanentemente alterado, lo que produce alto estrés y mengua la calidad de vida, pues salir a la calle se convierte en un tormento, en donde no solo es lo que significa batirse en medio del desorden urbano, sino de la inseguridad, de la falta de espacios de buena calidad para moverse, de vías vehiculares y peatonales en pésimo estado, de semaforización deficiente, de señalización casi inexistente, de un aire altamente contaminado, de ruidos perturbadores, de basuras asfixiantes y de ausencia del elemento verde en donde el asfalto y el cemento aplastan sobre todo.  

Por qué no hacer una concertación ciudadana sobre lo que debe constituir su bienestar; sobre lo que hace falta para mejorarlo o para completarlo dentro de los estándares requeridos como elementos fundamentales para exaltar la vida.

Diariamente nos encontramos con medidas que no son socializadas, que muchas veces son arbitrarias y que no han mediado ningún estudio para hacerlas favorables. Pero también nos encontramos frente a la falta de acción, es decir a la ausencia de medidas que deben ser implementadas, pero que no aparecen, lo que hace que los problemas crezcan, seguramente multiplicados, y que los ciudadanos se encuentren frente al tumulto que generan el olvido y la desidia.

Cuando el ciudadano prima, las cosas son diferentes y tendríamos entonces medidas con la suficiente fuerza para ser eficientes y para responder a las expectativas.

Salgamos entonces del tormento y procuremos el bienestar, construyendo los espacios requeridos para hacerlo efectivo.      


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