La tradición en nuestro país y en otras regiones del mundo muestra una festividad religiosa que invita a honrar a la Madre eterna de Cristo y a la Madre de todos nosotros, los creyentes, en su gran misión.
El 8 de diciembre se celebra la Inmaculada Concepción, dogma que nos enseña que María fue concebida sin pecado original, y eso, para nosotros los católicos, hace parte fundamental de nuestras creencias.
Para otras personas en el mundo, esa fecha es una más del calendario. Algunos respetan las tradiciones, mientras otros se dedican a manifestar que esas creencias son solo fábulas construidas por el hombre para mantener a la gente encajonada en su manera de pensar.
El respeto por el pensamiento de los demás hace parte de la convivencia entre las diferentes religiones y de todos los aspectos de la sociedad. Debe cultivarse de tal manera que pueda colocar barreras a aquellos que van por ahí generando odio entre ellas. El efecto de las redes sociales y el “voz a voz” en algunos casos intenta distorsionar las tradiciones, pero también vemos que la fe, día a día, se fortalece más.
Al iniciar esta columna, el título nos dice que es “algo más que velitas”, y es así. No solo me voy a referir al tema religioso: vamos a describir la importancia de esa fecha para la democracia colombiana. Ese 8 de diciembre es el límite para la inscripción de las diferentes listas de los partidos políticos que aspiran a obtener una curul en el Congreso de la República. Hoy las componendas, los acuerdos, las trabas en el camino y tantas situaciones más hacen parte del juego electoral que viene en marzo del 2026 en este país.
Sorprende que se den alianzas que, en algún momento de la vida política del país, se consideraban imposibles. Pero se dan, y hacen parte de la dinámica electoral. Nos encontramos con vertientes que defendían algún tipo de pensamiento alineadas con otras definitivamente contrarias. Dicen por ahí que esa es la manera de hacer política. Ojalá todas esas alianzas conduzcan a generar un verdadero bienestar para las comunidades.
Ese ejemplo anterior se dice que fue el que terminó de catapultar el triunfo de Fuerza Ciudadana en las atípicas elecciones del departamento de Magdalena, donde se ungió a una agraciada dama del pujante municipio de Fundación como la nueva gobernadora. De esa misma manera, al parecer, se están cocinando acuerdos para pelear y lograr las apetecidas curules de Cámara y Senado, que serán fundamentales para la estructuración del mapa político de Colombia y que pueden mostrar la tendencia de cara a las elecciones de Presidencia de la República en mayo del 2026.
Llama la atención que los discursos se conviertan en odio. Al intentar escuchar una propuesta para recomponer o innovar la forma de gobernar, lo que generalmente encontramos es una fábrica que destila sentimientos para enfrentar a la sociedad. Este país, en algunos sectores, vive del morbo y la confrontación; eso solo lleva a una polarización aún mayor de la que tenemos. Llega un momento en la vida en que las acciones pueden tener consecuencias irreversibles, y eso sucede en el trasegar político de nuestras regiones. Los actos de reconciliación no pueden mirarse como actos de debilidad; antes, por el contrario, terminan demostrando la grandeza del ser humano que toma esa iniciativa.
Ella, la Inmaculada, con su humildad y amor, le dio al mundo el sí más importante de la historia humana, ante algo desconocido y polémico para la época, que inclusive hoy lo sigue siendo para muchos. Pero con ese sí se constituyó en el paso necesario para construir un camino de fe y confianza.
Ese camino de fe y confianza es el que el país requiere para iniciar un proceso de construcción social donde el odio que se destila y procesa en nuestros corazones sea clausurado de manera continua y sostenida. Ojalá ese 8 de diciembre venidero pueda iniciar esa etapa en la vida del país donde el sí por la reconciliación y el respeto sea el primer paso para dejar atrás el abandono, la miseria, la indiferencia y tantos calificativos más que hacen parte de la manera como se gobierna en algunos momentos.
Este país necesita reconciliar la historia. Adoptemos el “sí” de la Inmaculada, y los frutos se verán en el tiempo perfecto.
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