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Después de la cordial reunión, acciones efectivas
Hasta llegar al extremo de que en Colombia la gente hacía conjeturas sobre cuál iría a ser la acción norteamericana y en qué lugar de nuestro territorio podrían caer los cohetes.
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Martes, 10 de Febrero de 2026

Todos los mandatarios colombianos se han reunido con presidentes de los Estados Unidos, y esas entrevistas, aunque de interés para la opinión pública colombiana, se consideraban como un evento más o menos rutinario, propio de la gestión presidencial.  Pero el encuentro entre Petro y Trump tenía una connotación especial y muchos en Colombia estaban pendientes de su desarrollo.

No podía ser para menos. Desde el inicio del mandato de Trump, Petro había emprendido una ininterrumpida serie de actitudes y expresiones no sólo en contra de aquel, sino muchas veces contra los Estados Unidos. Una estrategia caduca y más propia de la guerra fría.

Por su parte Trump, que al principio no puso mucha atención a lo que decía el mandatario colombiano, comenzó a sentirse afectado después de la perorata por megáfono de Petro en New York. 

Por lo tanto, con una intemperancia similar a la de su colega colombiano, Trump y el Secretario de Estado Marco Rubio, comenzaron a escalar acciones contra Petro y de una descertificación “benigna” se pasó al retiro de la visa norteamericana; a la posibilidad de imponer aranceles a los productos colombianos; a la inclusión de Petro y familia en la llamada Lista Clinton; a la amenaza de una acción armada, e incluso, a aplicar al presidente el mismo tratamiento que a Maduro, cuando fue “extraído” del Fuerte Tiuna, el “pentágono venezolano”. 

Hasta llegar al extremo de que en Colombia la gente hacía conjeturas sobre cuál iría a ser la acción norteamericana y en qué lugar de nuestro territorio podrían caer los cohetes.

Por eso el país se llenó de sorpresa cuando en medio de una concentración en la plaza de Bolívar en Bogotá presidida por Petro, recibió una invitación de Trump para que lo visitara en la Casa Blanca. El 3 de febrero se llevó a cabo la esperada reunión, a la que toda Colombia siguió como el último capítulo de una novela de Agatha Chirstie, ya que con los temperamentos del uno y del otro, cualquier cosa podría pasar.

Sin embargo, la reunión se desarrolló muy cordialmente y en ella se trataron temas de interés para ambos estados. Incluyendo la lucha contra el narcotráfico, la situación de Venezuela, la presencia de grupos armados en ese país y en las fronteras de Colombia con la misma Venezuela y con el Ecuador. Colombia descansó.

Es evidente que los dos países, más ahora que nunca, tienen intereses comunes, aunque con visiones diferentes. Ambos luchan contra el narcotráfico y los Estados Unidos están empeñados en la estabilización de Venezuela, lo que para Colombia es fundamental. Hasta el punto de que, sin una cooperación efectiva de nuestro país para la reconstrucción política y económica venezolanas, sería mucha más dispendiosa la recuperación de nuestro vecino.

Lo que habrá que esperar ahora es que el afectuoso encuentro, incluso con destellos de buen humor, se traduzca en acciones efectivas en un corto plazo, frente a la inseguridad que tiene contra la pared a muchas localidades colombianas y a la incertidumbre sobre la situación en Venezuela.


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