La educación de una sociedad hace parte fundamental de la construcción de buenos hábitos y buenas costumbres que marcan el comportamiento humano en el diario vivir de los pueblos del mundo.
El actuar del hombre se refleja en cada acto y posiblemente muestra el nivel educativo que a lo largo de la vida ha recibido; nunca dejamos de aprender, y ese aprendizaje incluso nos ayuda a formar criterios y conductas que determinan nuestro accionar. Hoy nos vamos a referir a un negocio que existe en Colombia y que vive, sí o sí, del caos que genera el mismo hombre.
En ciudades e incluso en municipios de categoría media encontramos oficinas que son las entidades rectoras en materia de regulación y control del tránsito. Ellas, con diferentes acciones, intentan controlar el caos que existe cuando el día a día de las ciudades inicia. Ahí comienza el buen negocio, porque la legislación ha otorgado facultades a los entes territoriales para que controlen la movilidad en los territorios.
Con una sociedad con precario conocimiento de las normas de tránsito, incluso con pleno conocimiento de lo que se debe hacer y lo que no, se configura el caldo perfecto de cultivo para rebosar las arcas de operadores privados y secretarías de tránsito que gozan de buena salud cada que nosotros, como usuarios de las vías públicas, cometemos imprudencias, a veces conscientes de lo que hacemos.
El caos, que es evitable, se genera por la paupérrima educación en materia de normas de tránsito que quizás tenemos y por el poco interés que aparentemente muestran las famosas concesiones, que viven especialmente de las infracciones cometidas. Estas van desde el exceso de velocidad, pasando por no respetar semáforos en rojo, no usar el cinturón de seguridad, ingresar a carriles exclusivos y parquear en lugares prohibidos.
Solo la capital del país recaudó, entre los años 2017 y 2023, la astronómica suma de 98 mil millones de pesos. Todo esto proviene de cada una de las imprudencias descritas anteriormente que los usuarios de las vías podemos llegar a cometer. Si no está en nosotros asumir la responsabilidad de cumplir las normas, seguiremos siendo el mejor vector financiero para todas las empresas que día a día hacen recorridos nefastos cazando infractores o esperando nuestro error para facturar.
Todo lo anterior, digamos, es una autocrítica a nosotros, los conductores; pero ahora hablemos de los operadores, que cometen infinidad de abusos con las facultades entregadas y se están convirtiendo, en algunas ciudades o regiones, en perturbadores de la salud mental y del orden público. Foto multas sin justificación alguna, comparendos en lugares donde muchas personas jamás han estado en su vida, carros expertos en cazar infractores que no cumplen con la normatividad para poder imponer sanciones y muchas otras estrategias que implementan para que el negocio sea rentable. Hace parte de lo bueno que es el caos para sostener un negocio.
Muchas veces perdemos el tiempo reclamando cosas justas pero que poca solución reciben. Las autoridades en varias regiones por no decir todas se hacen las sordas y ciegas ante el clamor de la comunidad; y lo que es peor: nosotros mismos damos las herramientas para que sigan aumentando sus ingresos de una u otra manera. Es necesario que no demos “papaya”, como se dice, y que ante injusticias como comparendos en lugares por donde nunca hemos pasado y multas impuestas por carros que van de calle en calle sin cumplir la mínima normatividad para imponer comparendos, denunciemos cada abuso ante los organismos correspondientes, aunque por momentos la decepción abunde ante la indiferencia de los entes territoriales y los encargados de velar por los derechos de la comunidad.
Sabemos de los abusos, sabemos lo perverso del negocio, pero también sabemos que hay un componente que depende de nosotros. Si iniciamos por dejar de ser el caldo de cultivo para facturar, la efectividad de esas empresas para recaudar irá decayendo poco a poco. Se volvió costumbre engrosar las arcas de públicos y privados amparados en las injustas multas y en las imprudencias que en ocasiones cometemos. Demos el primer paso reduciendo al mínimo nuestras faltas; les aseguro que tendrán que inventarse otras estrategias para seguir desangrando nuestros bolsillos.
Somos responsables del caos. Si aprendemos a controlarlo el negocio se acaba.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en https://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion.
