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Ciudad: del caos al deseo
Desde estas líneas y en la comodidad tecnológica es fácil lanzar diatribas contra lo existente.
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Miércoles, 11 de Febrero de 2026

Un recorrido por el país y sus ciudades deja un sabor agridulce. Detenidos en el destrozo de los paisajes y el caos urbano presente en cada una de ellas, solo cabe la denuncia y dejar la indiferencia para derribar el silencio ante la ausencia de respuestas de largo plazo a las necesidades urbanas que en ultimas son los mismos anhelos ciudadanos de concretar sus derechos a la vivienda, la salud, el trabajo, la recreación, la educación en un entorno de equidad e igualdad.

¿Ha llegado el tiempo de ser conscientes que los desaciertos de modelos urbanos ajenos al sentir de los ciudadanos y más relacionados con la especulación y explotación del suelo son los grandes causantes del fenómeno actual? Si la ciudad es el reflejo de quienes la habitan, la belleza de nuestros lugares de residencia en la Tierra debe considerarse uno de los bienes comunes más preciados y defenderse con denuedo.

Los paisajes y geografía de este país lleno de contrastes y maravillas empezaron a degradarse con el periodo de la Violencia de 1950 y el fenómeno de migración masivo del campo a la ciudad que no crece al mismo ritmo sino en afán de procurar dar solución a los nuevos habitantes y se adoptan políticas de vivienda marcadas por la desregularización estatal a la par del surgimiento de urbanizaciones informales o mal llamados “cinturones de miseria” en las periferias. Todo esto explica el estado de las cosas, sin que a pesar de que en ejercicio de la democracia ni un partido ni otro han sido capaces de parar la crisis urbana mantenida bajo la idea de progreso pero poco orden.

Desde estas líneas y en la comodidad tecnológica es fácil lanzar diatribas contra lo existente. Si bien lo desagradable ayuda a valorar más lo bonito y lo que se mantiene a salvo es todavía más significativo para poder mantener la esperanza de que es posible que la estética, lo funcional, sólido y duradero tengan armonía con la naturaleza y su entorno social.

Con la expedición de la Ley 388 de 1997, los municipios deben formular y adoptar su ordenamiento territorial, lo cual fue un gran acierto al sentar las bases para que desde su autonomía diseñaran la carta de navegación sobre su territorio a largo plazo. No obstante, para el caso local, el POT contempla medidas que de no ser por la movilización ciudadana se hubiera concretado un proyecto masivo de vivienda en una zona de gran valor ecológico con una sobrecarga desmedida para la movilidad y los servicios actuales.

Desde el 2001 con la expedición del primer POT, poca sensibilidad ha existido respecto a un marco de herramientas que permitirían un desarrollo urbano armónico y en consonancia con la función social y ecológica, porque hoy más que nunca, el urbanismo, los avances científicos y tecnológicos junto con la gran diversidad son puntos clave en las ciudades contemporáneas. Y, sin embargo los arquitectos que piensan en grande -los urbanistas- han sido excluidos del debate.

No todo es válido en nombre del progreso en este mundo en constante cambio donde hay más dudas que certezas y que con base en el respeto de nuestro planeta deseamos hallar luz en las tinieblas para no permitir que la resignación e indiferencia avance en quienes viajamos a bordo de la nave espacial Tierra.


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