El debate sobre la educación inclusiva ha dejado de fijarse solamente en el acceso a un aula, sino que ha comenzado a tener un enfoque en la forma de aprendizaje de los niños. En este espacio de debate, la neurodiversidad ha venido ganando terreno.
Por esto, condiciones como el trastorno del espectro autista (TEA), el TDAH o la dislexia son observadas ahora como distintas formas de relacionarse ante el mundo, dejando de ser vistas como un déficit. En este panorama, especialistas han coincidido en que los métodos tradicionales suelen estar limitados frente a las necesidades de muchos estudiantes.
De esa manera, el aprendizaje de un segundo idioma, surge como mecanismo para fortalecer habilidades cognitivas, comunicativas, sociales y emocionales desde la infancia. Estudios han demostrado que el bilingüismo favorece a la memoria, y resolución de problemas. Por lo que, en niños neurodivergentes pude ser útil.
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En este escenario aparecen iniciativas que buscan replantar la enseñanza del inglés de una manera más inclusiva. Programas como Tiny Big Things y Small Big Things, con los que se integran elementos para enseñar adaptadas distintos perfiles de aprendizaje.
Tiny Big Things utiliza personajes animales para facilitar la conexión emocional en el menor. Por su parte, Small Big Things incorpora escenarios reales en el idioma para una mejor adopción del infante y fomentar la empatía. Ambos programas buscan promover una educación más inclusiva y adaptada a distintas formas de aprendizaje.
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