Zapatero remendón, el heredero más humilde de este oficio que se remonta al tiempo de reyes, princesas, caballeros y guerreros que encargaban a verdaderos artistas del calzado la elaboración de sus zapatos, que eran sinónimo de elegancia, distinción, poder y riqueza de quien los lucía.
Los nuestros son personajes, muchos con un largo camino recorrido, casi inadvertidos ante la mirada del común, vestidos con mandil o delantal y armados de su pata de hierro, tenazas de montar, tirapié, horma de madera, martillo de remendón, agujas, lezna, pita, pegantes, cera de abejas, betunes, tinta y el infaltable cuchillo zapatero.
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Ellos como en un ritual cumplen la delicada tarea de sustituir las suelas, remendar el cuero roto, pegar y dar brillo a esos zapatos que aunque viejos nadie quiere tirar a la basura, por el cariño que se les tiene a quienes ha sido tan fieles compañeros, andando de ‘ceca a la meca’, como lo dice el refrán popular.