Arropados por la penumbra absoluta de la noche, los palafitos de un pequeño asentamiento sobre el Lago de Maracaibo, en Venezuela, se iluminan gracias a los incesantes destellos que le han valido a esta región el título de "capital mundial de los relámpagos".
En los pueblos de agua de esta zona del estado Zulia (noroeste), el "Relámpago del Catatumbo", como se le conoce a un ciclo de tormentas único en el mundo, es considerado un "faro" que durante siglos los ha ayudado a guiarse cuando navegan en la oscuridad.
Algunas noches, además de los resplandores, puede verse la vía láctea y un cielo tan salpicado de estrellas que no se necesitan telescopios, ni equipos especiales para apreciar un espectáculo tan alucinante como inverosímil.
Los destellos son tan rápidos como los flashes de una cámara. No hay truenos, solo luz.
Algunos son "culebreados", como le dicen los locales a los relámpagos acompañados por rayos. Unos tocan el espejo de agua con tal rapidez que apenas son procesados por el ojo humano, y otros impactan en la altura entre sí formando figuras fulgurantes en las nubes.
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Contribuye al espectáculo la falta de electricidad. Los enormes generadores eléctricos que suministraban energía a estos pueblos tan alejados de tierra llevan años dañados, un cuadro agravado por la escasez de combustible, vital para hacerlos funcionar.
La oscuridad es total, solo interrumpida a ratos por algún generador eléctrico casero -cada vez menos usados-, y lámparas de pescadores.
Ajena al interés científico que suscita el fenómeno en todo el mundo, Marianela Romero, una pescadora de 40 años cuyo rostro demacrado la hace ver mucho mayor, se maravilla con el resplandor cada vez que sale a pescar.
"Me gusta mucho el relámpago del Catatumbo porque le da claridad a uno para dónde uno vaya…", señala desde un palafito en Congo Mirador, un pueblo de pescadores casi desaparecido por la sedimentación de la laguna donde fue cimentado.
El resplandor ha permanecido inalterable pese a las amenazas que se ciernen sobre los bosques y pantanos desde donde se forman estos destellos, cuyo epicentro se ubica dentro de áreas protegidas, pero sin resguardo de las autoridades desde hace años.