Decenas de insultos de su esposo soportó Luz Belén mientras admitía que convivía con la violencia intrafamiliar. Aconsejada por una vecina, llegó a una charla sobre prevención y rutas de acción contra la violencia y decidió contar su caso.
“La voz me temblaba, y no sabía que iba a pasar cuando a mi esposo le llegara la citación. Pero tenía claro una cosa: no estaba dispuesta a aguantar más sus malos tratos”, relató la mujer oriunda de La Libertad.
El día de la citación ante una comisaria en la Casa de Justicia se comprometieron a asistir a unos talleres de pareja.
Tras los encuentros su trato mejoró, pero inevitablemente se separaron. El amor se les había acabado.
“Nunca busqué ayuda, por temor a perder mi hogar, pero me di cuenta que no debía someterme a ningún maltrato para no perder a mi pareja”, dijo resignada. “No tengo pareja, pero puedo estar en el mismo lugar con el padre de mis hijos sin insultos ni reproches”.
Juan Ramón vive en San Martín, y es otro ejemplo de que denunciar si paga.
Durante tres meses lidió una pelea con sus vecinos por los altos niveles de ruido al pie de su ventana cada fin de semana.
“Vivía peleando con mi vecino, pero me desgastaba entre insultos y rabias y nada cambiaba. Había escuchado sobre los servicios de la Casa de Justicia pero nunca me acerqué a consultar este tema”, recordó.
En una de las visitas de la Casa de Justicia Móvil al barrio vecino, supo cómo la ley protege este tipo de derechos y denunció a su vecina.
Con una medida correctiva de por medio no volvió a padecer por los altos niveles de sonido.
El el último trimestre 108 personas han denunciado casos de violencia intrafamiliar, y otras 189 han asistido a la Casa de Justicia en busca de medidas correctivas por pleitos vecinales como mal uso de basuras, altos niveles de ruido, entre otros.
