En la región
Alberto Peña, biólogo de la Universidad de Pamplona y colaborador de la Fundación Neotropical, quien desde hace varios años ha estado observando el comportamiento de los cóndores en la vereda Tencalá, Chitagá, Silos, Cácota, Mutiscua y Cáchira, considera que es triste que todavía se presenten hechos que atentan contra una especie protegida.
Para él estas regiones, que hacen parte de los páramos de Almorzadero y Santurbán, le han permitido mantener observaciones periódicas de individuos que se desplazan de un lado a otro.
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Para el profesional de la biología, los cóndores son indispensables para el medio ambiente porque limpian de animales en descomposición a los ecosistemas de alta montaña o páramos.
También evitan la contaminación de los entornos y reducen al máximo la proliferación de patógenos o enfermedades que ponen en riesgo a los demás animales y a los seres humanos.
Peña recordó que los cóndores empiezan la etapa de reproducción a los ocho años con un solo huevo que después repiten cada tres.
El periodo de incubación es de 60 días y cuando nace el polluelo permanece casi dos años en el nido para alzar el vuelo.
En torno a la labor que adelanta en estas zonas de Norte de Santander, explicó que consisten en campañas educativas con estudiantes, docentes y campesinos sobre la importancia de cuidar estas especies que son únicas en el mundo.
También, considera que las entidades y corporaciones ambientales del departamento tienen el compromiso de desarrollar programas de conservación del cóndor andino.