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Por los barrios
Familia lleva cinco años con su bibliocasa para la comunidad
700 visitas en promedio tiene cada mes el lugar llamado 'Enseñando a Compartir'.
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La opinión
La Opinión
Viernes, 14 de Octubre de 2016

Ni en el receso escolar la bibliocasa Enseñando a Compartir del barrio Juana Rangel de Cuéllar dejó de funcionar. 

Maritza Rodríguez y su esposo, Fredy Maldonado, recibieron a sus vecinos, que no llegaron a hacer la tarea.

Los pequeños llegaron a saltar lazo, leer cuentos, jugar parqués, ver películas, aprender de fotografía, y navegar por unos minutos en internet, pues dicen que se amañan acá mucho más que en las calles.

“Yo vengo todos los días. Un compañero del colegio me dijo que acá le ayudaban con las tareas y hacían competencias de juegos y ahora no salgo de acá”, confiesa en medio de risas Miguel Ángel, 11 años.

Esta bibliocasa, que nació en 2011 en un pequeño rancho  con piso de tierra, sin sillas ni mesas y no más de mil libros donados por particulares,  se ha fortalecido con el paso de los años gracias al esfuerzo y la tesón de la familia Maldonado Rodríguez, quienes soñaron con brindarles un espacio de aprendizaje a sus vecinos.

Aunque en estos 5 años de labor, los fundadores de la bibliocasa han escuchado múltiples promesas de ayudas muy pocas se han concretado y aún no logran la intervención municipal para mejorar y financiar sus acciones comunitarias.

Es por ello que los esposos alternan sus oficios en construcción y en el hogar para dedicarle un par de horas a los niños de Juana Rangel de Cuéllar, San Fernando del Rodeo, Nuevo Horizonte, Belisario Betancur, entre otros sectores de la comuna 8. 

Con el fin de seguir adelante con este visionario proyecto, la familia sacrificó su propia casa para darle paso a estanterías, libros y mesas y brindarles un mejor espacio a los niños, pese a que estos significó que arrumaran sus muebles y camas en dos pequeños cuartos.

Ahora, sala-comedor es la sala de consultas, una de sus habitaciones es la sala de computación, donde solo funcionan dos de los tres computadores que tienen, y el patio se convirtió en la sala de juegos y  eventos especiales.

“A nosotros nos mueve el sueño de poder consolidar esta iniciativa y poder replicarla pero necesitamos quién nos asesore para presentar proyectos de concertación”, dijo Maldonado.

Aunque han sido pocas las entidades que les han dado la mano, los esposos están agradecidos con la intervención que hizo el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), los estudiantes de la Universidad Francisco de Paula Santander y los rotarios. Este domingo, el comité de damas Club Rotario Cúcuta III realizará un mercado de ropa, utensilios de cocina y juguetes de segunda para recolectar fondos para la biblioczasa.

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