Los niños del barrio Nueva Ilusión, en el occidente de Cúcuta, no se cansan de observar cada detalle que conforma su recién construido parque.
Lo miran de arriba abajo, lo recorren de un lado a otro, lo tocan, lo frotan y hasta lo besan.
Es que quedó bonito, muy bonito de verdad, dice Andrés Martínez, uno de los primeros niños que tuvo la fortuna de divertirse en los columpios del parque.
El escenario es distinto a todos los demás que están construidos en Cúcuta y el área metropolitana, porque fue hecho a la medida del barrio, pero mejor aún, con materiales reciclables, considerados por muchos como basura.
Este es la parte que más orgullosos hace sentir a grandes y chicos en Nueva Ilusión, el de tener un lugar hermosos donde divertirse, único en su género.
Frank Delgado, miembro de la Fundación Innovación Ciudadana, promotora del parque, explicó que el sitio se construyó entre el 21 y el 31 de diciembre.
Es un proyecto innovador, ejemplo de lo que se puede hacer reutilizando cosas que para muchos son basura y desperdicios, pero para otros herramientas y materiales para crear su propia diversión, dice este líder social.
“Queremos dejar algo claro: esto no es una obra de caridad, esto es un acto de responsabilidad histórica que tenemos frente a nuestros hermanos más necesitados, especialmente aquellos que han sido víctimas y desplazados de la guerra”, precisó Delgado.
Para lograr que el sueño se hiciera realidad, la fundación se alió con los vecinos del barrio y para cada actividad se crearon grupos de trabajo.
Luego se decidió lo que iba a tener el parque y acto seguido se programaron las tareas.
En total se intervinieron 950 metros cuadrados con material reutilizado, especialmente llantas viejas de carros. Se plantaron 80 árboles, se adecuó una cancha de microfútbol, se elaboró un mural en cerámica y se dispuso un espacio para los juegos infantiles, que también se elaboraron con materiales reciclables y chatarra.
En una maratónica jornada, jóvenes y adultos se armaron de palas y picas, para alistar el terreno, enterrar llantas, y demarcar los límites del nuevo escenario deportivo y recreativo del asentamiento.
Esta actividad logró unir a las familias en la época navideña y permitió que los vecinos limaran asperezas y trabajaran en equipo.
Las madres y los niños se encargaban de la hidratación de los trabajadores.
“Estamos emocionados por este proyecto, y más porque la Fundación llegó por sí sola hasta acá y nos metió la idea de que trabajando en equipo y poniéndonos metas claras podemos llegar muy lejos”, dijo Sandra Arias, líder comunal.
Dayro Pérez fue uno de los vecinos que se le apuntó a la iniciativa. Aunque no tiene hijos ayudó a construir el parque para que sus sobrinos y vecinos tengan un espacio óptimo para divertirse.
La comunidad resaltó la labor de la fundación y de los voluntarios, la mayoría estudiantes universitarios y jóvenes profesionales, que se le midieron al reto de pedir ayuda a conocidos y empresarios y de colaborar con la mano de obra en la construcción del parque, pese a su poca experiencia.
*La Opinión
