Se puede decir que Jorge Torres Rondón nació para servirle a la gente. Ha sido presidente de junta de acción comunal en dos ocasiones y su máximo empeño lo ha puesto 15 años en el comedor escolar que administra.
En ‘La bendición de Dios’, como se llama este restaurante para niños pobres, no hay día que no sea de trabajo y en el cual no se reparta comida.
Corriendo de la cocina a los mesones, con una toalla al hombro con la que se seca el sudor, Torres no deja de mesonear todos los días a unos 250 jovencitos de las escuelas cercanas al barrio Pamplonita.
Por 2 mil pesos ofrece un variado de menús como frijoles, arroz, ensaladas, cocidos y jugos hechos con fruta fresca.
Para los adolescentes que llegan hambrientos a buscar la Bendición de Dios, si sobra después de la repartición, les dan doble. Los más pequeñitos dan mil pesos por las comidas de toda la semana.
No es raro encontrarse a este personaje en los pasillos de la gobernación o de la alcaldía, intentando convencer a periodistas y políticos que los niños necesitan del gobierno, más que buenas intenciones, comida de buena calidad.
“Me dan ganas de llorar cuando veo que a niños de Atalaya o de aquí del barrio les cambian un almuerzo por una bolsita de leche con bocadillo”, dice, mientras que con su gesto arruga la cara.
“¿Qué sabe la ministra Parody de nuestros comedores para decir que no somos aptos para darle almuerzos a los niños?”, pregunta. “Como usted ve, nuestras cocinas están en buenas condiciones, no hay un restaurante con esta calidad... Pero prefieren dejar de dar a los niños, por la maldita corrupción”.
Cocinas industriales en acero inoxidable, implementos de menaje en buenas condiciones, baños bien limpios y una excelente atención es la mejor cara de La bendición de Dios.
“El dinero es para pagarle a las señoras que preparan los almuerzos, porque también contrato gente muy pobre”, dice este buen hombre, que incluso ha tenido que apelar a las ayudas divinas y de uno que otro amigo que aplaude la causa.
Según este administrador, que no completó la primaria, pero que hace muy bien las finanzas del comedor gracias a lo aprendido en la vida, hay particulares que entregan sus donaciones sin pedir nada a cambio.
Uno de ellos, quizá el más polémico, pero quizás el que más donó al comedor, fue el finado Luis Enrique Pérez Mogollón, conocido como ‘El Pulpo’, con quien Torres tuvo una cercanía conocida, por su gestión como líder comunal.
Según él, indistintamente de lo que se dijera de él, siempre conoció del difunto la mano bondadosa, a la cual no podía negarse porque estaba en juego el sostenimiento del comedor, ya que el gobierno no lo quiso patrocinar.
Con un inmenso afiche de Pérez en el centro del comedor, Torres Rondón dice que independientemente de lo que sea él agradece el apoyo que este personaje le dio para brindarles de comer a los niños más pobres de Cúcuta.
La Opinión
