La rutina de viajar entre Tibú y Cúcuta terminó en tragedia para la familia Ortega: un ataque armado, con tintes guerrilleros, los sorprendió no en zona rural ni en el Catatumbo, sino en pleno casco urbano de la capital nortesantandereana.
Las víctimas, todas pertenecientes a una misma familia, no eran oriundas de Tibú. Provenían de otros departamentos, entre ellos Antioquia y Cesar, pero habían encontrado en tierras catatumberas un lugar para vivir.
No obstante, inmersos en el conflicto armado que allí se vive, y que se ha recrudecido desde hace más de un año, fueron una de las tantas familias desplazadas, aunque con una particularidad: se movían constantemente de un municipio a otro.
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En el asentamiento humano El Talento, en los alrededores del Anillo Vial Occidental de Cúcuta, Maicol Stiven Santiago Ortega, de apenas 16 años; Jesús David Ortega Rodríguez; Jhon Freiler Ortiz Troya; Héctor Luis Sánchez Colina y otros integrantes de la familia encontraron un nuevo hogar.
En un pequeño terreno, ubicado en la parte alta del sector, lograron edificar una vivienda. Con esfuerzo y trabajo, fueron haciendo remodelaciones constantes a lo que se convirtió en el escenario de nuevas memorias familiares, entre paredes pintadas de rojo.
Allí, las risas aparecían por temporadas, al mismo tiempo que adelantaban mejoras: la construcción de habitaciones, el embellecimiento de la cocina y, más recientemente, la instalación de una canaleta para aguas lluvias en el exterior y un piso de cerámica en el porche, sobre el cual acabarían muriendo. Hace apenas un par de días habían terminado esas últimas remodelaciones.
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El pasado jueves, 23 de abril, uno de ellos había llegado desde Tibú para atender una cita médica programada para ayer. 24 de abril, antes de que varios regresaran hoy al Catatumbo, como le habían comentado a algunos vecinos. Pero no fue así.
El escenario dejado por esta nueva masacre en el área metropolitana de Cúcuta era devastador: la cerámica completamente manchada de sangre, paredes marcadas por los impactos de bala, cabello en el suelo, sillas volcadas y un ambiente lúgubre, interrumpido solo por dos vecinos a quienes les encomendaron la tarea de limpiar parte del caos antes de que el olor empeorara.
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La trágica noche
Como era costumbre, los jóvenes estaban reunidos en el porche el jueves antes de las 7:00 p. m., junto con otros familiares, entre ellos María Alejandra Santiago Ortega, de 21 años, y Maryuri Ortega Rodríguez, madre de Maicol.
De forma repentina, se desató un episodio digno de guerra. En dos motocicletas llegaron cuatro hombres armados con fusiles. Se detuvieron frente a la vivienda, de rejas negras, y a través de los espacios de la estructura dispararon en repetidas ocasiones.
Algunos intentaron correr; otros quedaron tendidos en el lugar. Maicol, Jesús y Jhon murieron en el acto. Héctor, Maryuri y María resultaron heridos.
Una familiar que salió ilesa apareció cuando ya habían cesado las ráfagas y las motocicletas se habían perdido en la oscuridad. Intentó auxiliar a los heridos, pero uno de ellos, ya agonizante, falleció en sus brazos.
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Como pudieron, familiares y vecinos trasladaron a los lesionados a centros asistenciales, donde las mujeres continúan en recuperación. Sin embargo, horas después se confirmó la muerte de Héctor.
Las autoridades desplegaron un operativo para atender la escena y realizar el levantamiento de los cuerpos. La primera hipótesis de la Policía vinculó a la familia con disidencias de las Farc.
“Ellos eran de Tibú, pero tenían esta casa en la que permanecían algunos periodos cuando la situación se ponía tensa en el Catatumbo”, reveló una fuente judicial.
Según las primeras versiones, los responsables serían integrantes del Eln. Las autoridades anunciaron una recompensa de hasta 30 millones de pesos por información que permita dar con su paradero e identidad.
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