Para Linciedo Ortiz es doloroso haber viajado cuatro horas desde Ábrego a Cúcuta para venir a visitar la tumba de su mamá, que fue sepultada hace varios años en el Cementerio Central, y encontrarse, ayer en la mañana, con las puertas cerradas del camposanto, pues desde marzo de 2020, por la pandemia, las directivas tomaron esa decisión.
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“Estoy desde anteayer (lunes) acá con ganas de visitar a mi mamá. Pero la tristeza que me da es que vengo y no tengo el espacio. Solo pido que por favor me dejen ingresar” sostuvo Linciedo.
Este hombre se unió al grupo de personas que, ayer, protestaron frente a la puerta principal del cementerio, para exigirle a Vicente Leal, administrador de este lugar, la reapertura.
Las personas mostraban fotos en las que se veía un pasillo lleno de bolsas negras, donde estarían restos humanos, exigiéndole al funcionario la apertura del cementerio, para así confirmar que los restos de sus familiares no hayan sido exhumados, de manera arbitraria, y enviados al área de las ánimas sin dolientes.
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Lilian Rosa Novoa también llegó hasta el camposanto con las mismas fotos que circularon por redes sociales, para exigirle al administrador del lugar una respuesta sobre los restos de sus familiares, porque en varias ocasiones a pedido que le permitan ingresar a visitar la tumba de su mamá, para corroborar que no haya sido exhumada, pero le dicen que no puede entrar.
“No me han dejado entrar. Uno con toda esta polémica no sabe si los restos de mi mamá los habrán sacado. No es justo que venga una persona así y no nos deje entrar. Es el único cementerio cerrado” comentó la mujer.
La versión oficial
Ante las acusaciones en su contra, Leal aseguró que, según la ley 5194 de 2010, en su artículo 20, las exhumaciones se deben hacer a los cuatro años de que el cadáver fue enterrado, en bóveda o en tierra; por lo que comentó que ninguna tumba ha sido abierta a espaldas de los familiares del difunto.
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“Me ha tocado sacar los restos de los no identificados. Mi tarea fue sacar de las casa osario cada bolsa con osamenta para sistematizar todo eso en bases de datos. La labor fue sacar muerto por muerto y registrarlo en el sistema; para que, en caso de que alguien llegara a reclamar, se pudiera saber en dónde encontrarlo” aseguró el funcionario.
Adicional, el funcionario señaló que los 300 restos, del panteón que se derrumbó en abril pasado, fueron identificados y enviados a la casa osario San José, ubicada en la zona oriental del Cementerio Central, donde esperan su próximo destino.