A los esposos Antonio Mejía y Sara González, la vida les cambió este año radicalmente. Él debe movilizarse en silla de ruedas tras un accidente automovilístico en el que se fracturó la cadera, y cada dos días debe asistir a terapias a un centro médico del centro.
Moverse desde la calle 23 de Cuberos Niño, en el sur de Cúcuta, hasta el sitio donde recibe el tratamiento, era un calvario para él y su esposa, debido al mal estado que presentaba la calle donde está su casa.
Casi siempre debía sacarlo cargado trescientos metros hasta la Curva Pelelojo, donde la carretera es buena, porque en silla de ruedas era imposible.
Sin embargo, esto quedó en la historia, tras la pavimentación de la calle.
De los huecos y el barrizal que se formaban caudno llovía, se pasó a una vía lisa, por donde la silla de Mejía rueda sin obstáculo.
“Parece mentiras, pero el solo hecho de estar pavimentada la calle significó un cambio extremo para nosotros, porque ahora nos movilizamos sin problemas”, dice su esposa.
En esa misma calle, atrás también quedaron las embarradas que tenían que soportar los niños cuando querían jugar, ya que debían hacerlo en el lodazal en que se convertía a diario la vía.
Cuando La Opinión llegó, un grupo de niños jugaba al trompo en una calle limpia, libre de barro.
“Si los demás tienen las calles pavimentadas, ¿por qué las de nosotros no? Esto era lo que a diario se preguntaba Margarita Suárez, madre de tres hijos.
En la calle 27 con avenida 10, pero de Alfonso López, los rostros de las familias residentes allí también reflejaban alegría, porque después de 30 años y gracias al programa comunidad-gobierno, llegó la pavimentación a su barrio.
“Esto mejoró el ciento por ciento, ahora salir y entrar a nuestra casa es una fiesta. Ya no embarramos la sala cuando entramos”, dijo el vecino Serafín Monsalve.
Pero quizás en donde el pavimento surtió más impacto en el mejoramiento del estilo de vida de los vecinos fue en Trigal del Norte, donde llevaban 30 años con las calles convertidas en verdaderos caminos de herradura.
“A todos los vecinos nos tocaba bajarnos de la buseta o del taxi en la entrada del barrio y caminar cinco, siete y hasta diez cuadras para llegar a nuestras casas, todo porque los conductores se negaban a movilizarse por entre los huecos de las calles”, dijo Rosa María Hoyos, vecina de este sector.
En este barrio, la alcaldía incluyó una docena de calles principales para su pavimentación.
Esto mismo del Trigal también lo están experimentando los vecinos de Gaitán, La Magdalena, Santander, Aguas Calientes, San Mateo, Altos de Pamplonita, Nuevo Horizonte, El Tunal y Camilo Torres.
Nelly Torres, líder comunal de este último sector, admitió que la pavimentación de las calles trajo paz a los barrios, porque era de las soluciones que llevaban esperando las comunidades más de tres décadas.
La Opinión
