Los gatos son a la vez protagonistas y espectadores en las lúgubres funciones del Teatro Atalaya. A diario, se pasean por las desoladas y empolvadas instalaciones a las que hace más de un año se le invirtieron 80 millones de pesos.
Ante la falta de uso de este espacio insignia de Cúcuta 75, los gatos compraron todas las boletas de entrada y se asentaron en el teatro bajo la mirada cómplice de algunos vecinos que a diario les tiran comida por entre las rejas. Los gatos son los nuevos vecinos y huéspedes.
Los felinos y algunos indigentes son los únicos que por allí tienen entrada en el teatro. Pues desde que se finalizaron las obras de recuperación, ni los vecinos ni los líderes comunales volvieron a tener acceso a estas instalaciones.
Pese a que hace dos meses la Secretaría de Cultura dijo que estaban buscando una entidad que se encargara del funcionamiento del teatro ya que el municipio no tenía presupuesto para ello, a la fecha el telón sigue caído.
Una alfombra de hojas secas, envases plásticos, y más basura, da la bienvenida al teatro. La entrada principal ha sido forzada en repetidas oportunidades y los tubos retorcidos se aferran al candado.
Asimismo, una de las puertas que comunica al teatro con el patio fue robada, y algunas hojas de eternit del techo yacen rotas a la entrada del teatro.
“Esta inversión fue una plata enterrada. Nos dolía menos el teatro cuando no le habían metido un peso. Para que invirtieron tantos millones sino solo iba a servir de cama de gatos e indigentes”, dijo la vecina Ramona Ortiz.
Los vecinos de la Primera Etapa de Atalaya se metieron la mano al bolsillo esta semana y mandaron a podar los árboles que están en el parque contiguo al teatro, con la ilusión de recuperarlo.
Mientras que esta semana se llevó a cabo un festival de circo y payasos en colegios y calles de la ciudadela Juan Atalaya ante la falta de escenarios culturales el teatro sigue con el telón abajo.
