Ansioso, Carlos Eduardo Rodríguez, de 10 años, espera su turno detrás de la batería. Es el quinto en la lista y mientras le llega la hora ensaya imaginariamente desde el puesto.
Se enamoró de la batería hace un par de semanas, cuando ingresó a la escuela musical Panes de Colores en Niña Ceci, pero como solo hay un instrumento de este tipo para los seis niños que la tocan, tuvo que idearse un rústico reemplazo musical para ensayar en casa.
“Carlitos partió un palo de un trapero, le forró la punta con cinta y con alambres amarró un par de tapas para crear su propia batería”,explica Neira Yurley Parada, su mamá, “Quería practicar todo el tiempo”.
Apenas Parada culmina la anécdota, es el turno de su hijo. Desde el lado del público goza la presentación. Es difícil definir quién está más alegre en pleno concierto, si el pequeño Carlos desde la batería, su madre, o Carlos, el padre, que también está viendo desde la barrera.
El orgullo familiar se acrecenta cuando Dylan, el menor de los Rodríguez Parada, empieza a tocar el piano.
Los Rodríguez hacen parte del proyecto musical Panes de Colores, liderado por Liliana Parada y el profesor Óscar nieto en el Centro Integral de Atención a la Familia (Ciaf) en Niña Ceci, el cual se financia con recursos del Ministerio de Cultura a través del programa nacional de Concertación.
Como el apoyo y los recursos son limitados, los niños ensayan con instrumentos prestados. Tres pianos, una batería y seis guitarras son sus herramientas musicales.
En cada toque se rotan los instrumentos para que todos puedan pasar de la teoría a la practica. La pasión y el compromiso con la naciente escuela es tal, que los menores no tienen reparo en compartir lo poco que tienen.
Incluso Nieto, profesor y dueño de los instrumentos, les presta a sus alumnos la batería, las guitarras y los pianos para que puedan ensayar un poco más en casa.
“Los niños y sus padres están muy comprometidos con la escuela porque son conscientes de que un menor que empuña un instrumento jamás empuñará un arma”, explica con satisfacción Nieto.
Darly Orjuela, de 14 años, es otra de las aprendices musicales; empezó con el piano y terminó en la batería.
Aunque ser parte de Panes de Colores ha sido una gran experiencia, la pequeña pide continuidad en este tipo de procesos. En junio finalizará el proyecto y no quiere que sus clases finalicen allí.
La Opinión
