Jorman Torrado respira campo. Dejó su natal Hacarí para vivir a pocos minutos de la capital nortesantandereana llegó con una idea fija: tecnificarse en las labores agrícolas para volver a su terruño.
Al igual que él, otros 50 jóvenes de diferentes municipios nortesantandereanos encontraron en la Fundación Hogar Juvenil Campesino El Amparo, en La Garita, una opción educativa y productiva.
El Amparo les abrió sus puertas y les brindó un techo donde quedarse y un lugar para estudiar y practicar lo que mejor saben hacer, las labores del campo.
Los jóvenes mezclan sus conocimientos empíricos con las lecciones agropecuarias que aprenden con los instructores Sena. En este mismo sitio realizan su tecnología en administración agropecuaria.
“Este es un espacio que busca rescatar la labor del campesino y tecnificarla”, dijo Ofelia Latorre, directora de la fundación.
Torrado comparte la apreciación.Terminó su tecnología y ahora trabaja en El Amparo en su propia cabina de producción de forraje verde hidropónico, donde produce el alimento de los animales de corral.
“Quiero volver a mi tierra para aplicar estos conocimientos y formar mi propia empresa”, explicó Torrado.
En la finca de El Amparo los estudiantes siembran plantas aromáticas, frijol, maíz, yuca y cítricos. Estos productos lo venden a los vecinos de La Garita y esto les permite generar recursos para sus alumnos. La cría y venta de conejos, gallinas, patos, cerdos, y pavos, es otra de sus entradas económicas.
A parte de los estudiantes campesinos que hacen su tecnología, otro grupo de niños de 6 a 15 años, que estudian en la escuela de La Garita alternan su agenda escolar con el mantenimiento de su propia huerta. Al graduarse pueden tecnificarse en esta misma área.
