Lidia Irene Cruz llegó hasta el Centro de Atención y Reparación de Víctimas en Comuneros para solicitar una carta de desplazamiento, y salió con el cabello más corto y planchado.
El viaje que se pegó desde la Y de Astilleros para su diligencia personal, le permitió hacer una visita fugaz por la peluquería satélite que montó por un par de horas el Sena en el centro de víctimas.
Con el ánimo de que las aprendices de belleza integral, mujeres que fueron deportadas de Venezuela, pudieran practicar lo aprendido en las aulas de clase, el Sena las llevó hasta el centro de víctimas equipadas de peines, secadores, máquinas de cortar cabello, tijeras, entre otros elementos.
“Abrimos hace una hora y ya tenemos la peluquería llena”, bromea Nelsa Liliana Niño, deportada, que se beneficia con el programa laboral.
La mujer, que hasta hace dos meses era mototaxista, encontró en el Sena una ayuda para seguir con su vida en Colombia.
“Duré un mes en el albergue. Ya estoy pagando arriendo y sueño con tener mi propio salón de belleza”, dijo Niño.
Los cuatro primeros cortes que hizo le quedaron perfectos, aunque su fuerte son los peinados.
Laura Pinzón es otra de las deportadas que le apostó a la belleza integral como programa de formación.
Entre corte y corte sus clientes le preguntan cómo ha logrado subsistir tras la crisis, y ella responde que con sacrificio y paciencia. Cuando el corte está listo, su cliente recuerda que vino al centro de víctimas por una carta y se despide para no perder su turno.
*La Opinión