No tienen mayores recursos en sus bolsillos, muchas veces ni siquiera llevan para comprar algo en el recreo, sin embargo, cada 8 días, los estudiantes del grupo de Huellistas del Colegio Minuto de Dios Policarpa Salavarrieta se reúnen para definir cómo ayudarán a sus semejantes.
Antes de trazar su plan de acción visitan los barrios para conocer la realidad de las familias que allí habitan. Trochas, cerros, y calles destapadas hacen parte de la rutina de fin de semana.
Aunque la mayoría de Huellistas de décimo y once grado, viven en los barrios aledaños, muchos desconocen las necesidades de sus vecinos de Belén de Umbría, Las Delicias, Brisas de los Andes, y Jerónimo Uribe.
“Queremos mostrarles a los muchachos que pese a sus dificultades hay familias que viven en peores condiciones. Quisimos despertar su solidaridad y sentido humano con esta práctica social”, dijo Giorgio Paolo Galvis, rector del colegio.
Galvis dijo que estas actividades sociales hacen parte de mentalidad ignaciana de la institución de Fe y Alegría, y nacen de un proceso pastoral que se inicia con los niños desde sexto grado hasta once grado, y que también involucra a exalumnos.
“Aquí no trabajamos un credo sino una espiritualidad”, aseguró Galvis.
Jefferson Monsalve es uno de los tutores de los Huellistas y asegura que esta actividad de proyección social a permitido que los estudiantes trabajen colectivamente en armonía, y aprendan a valorar lo poco que tienen en sus casas.
Pese a que los estudiantes participantes son de estratos 1 y 2, encontraron en el proyecto Huellista una forma de dejar su huella personal en los barrios más pobres al tiempo que le demuestran a sus vecinos que para ayudar no es necesario tener dinero sino voluntad.
Periódicamente los huellistas organizan jornada de recolección de ayudas para las familias pobres de las comunas 8 y 9, piden útiles de aseo para llevar a las cárceles, y hacen actividades de donación de libros y uniformes escolares para ayudarle a sus mismos compañeros.
Una vez al año los estudiantes y profesores organizan la Marcha del Ladrillo. Cada alumno se compromete a llevar un ladrillo, que posteriormente le dará paso a la vivienda de uno de sus compañeros que vive en un rancho.
Mientras que los huellistas más pequeños, los de noveno grado, focalizan las familias a las que ayudarán con sus campañas, los más grandes gestionan las ayudas y organizan las recolectas.
Para octubre tienen pensado realizar una jornada de recolección de juguetes para llevarlos a los barrios que ya visitaron. Ver a los niños jugando en las calles con carros sin llantas, muñecas incompletas, y balones pinchados, los motivó a trabajar en esta campaña.
Una de las actividades más recientes de los Huellistas fue los partidos de la solidaridad. Cada grupo de estudiantes apadrinó una familia y jugaba un partido de fútbol para conseguirles un mercado.
