En el barrio Cundinamarca sus habitantes le sacan el quite a los trasteos, y no es para menos. Irse de su barrio representa echarse al hombro la cama, la cocina y hasta la nevera por un estrecho camino que se cae a pedazos.
Como no tienen una vía amplia para entrar o salir deben desplazarse por las gradas disipadoras que unen las calles de la parte alta, pese a que estas construcciones fueron hechas con el fin de mitigar el impacto de las aguas lluvias sobre la montaña.
Gran parte de las gradas fueron construidas en el 2000 por el municipio, pero debido a la falta de mantenimiento la estructura empezó a colapsar convirtiéndose en caminos de herradura en pleno siglo XXI.
Los puntos más críticos se encuentran en las calles 11 y 10A con avenidas 23 y 24, aseguró Gustavo Pérez, presidente de Cundinamarca parte alta.
Aunque Pérez ha oficiado esta situación a la administración municipal, desde el 2002 a la fecha no ha recibido respuesta favorable.
Cundinamarca no es el único sector de Cúcuta que tiene estos caminos poco envidiables. En el 6 de Enero, Sevilla parte alta, Antonia Santos, Barrio Bogotá, Pueblo Nuevo, Los Alpes, Loma de Bolívar, La Cabrera, Alto Pamplonita, Cumbres del Norte, La Florida, Los Caracoles, Cerro Pastel, entre otros sectores, también deben lidiar con estos senderos.
Sandra Higuera, vicepresidenta de junta de La Florida, recuerda que hace 20 años los vecinos juntaron dinero para pavimentar su angosta calle; sin embargo, como la obra fue rústica, el concreto empezó a resquebrajarse.
Higuera y sus vecinos buscan que la calle 8 de La Florida sea incluida en el programa de pavimentación comunidad-gobierno que adelanta el municipio, para tener unas vías más dignas.
Al otro lado de la ciudad, en la comuna 4, los vecinos del Bajo Pamplonita también se quejaron por el pésimo estado de sus gradas de acceso. Desde hace por lo menos una década las gradas empezaron a ceder producto de la rotura de la tubería del acueducto que pasa por debajo de estas estructuras.
“Hemos oficiado esta situación a las administraciones anteriores y nadie nos escucha”, dijo Alonso Garavito, residente.
Una situación un poco más crítica se vive en Antonia Santos parte alta, allí los senderos peatonales están hechos con llantas viejas.
Ante la falta de intervención municipal y la desunión comunal, los vecinos llevan cerca de 15 años sin una vía de verdad. Cuando llueve no pueden salir de sus casas porque los senderos son poco seguros y se presentan constantes deslizamientos.
La Opinión
