Este domingo, Perú vota en sus elecciones primarias, una instancia decisiva donde los partidos y coaliciones definirán quiénes serán sus candidatos oficiales para la elección presidencial de 2026. Pero estas primarias no llegan en un contexto ordinario. El país arrastra una prolongada crisis de gobernabilidad, marcada por cambios constantes en la presidencia, desgaste institucional y desconfianza total de la gente.
Durante más de una década, en Perú se ha visto cómo se suceden los mandatarios con una frecuencia inusitada. Entre 2011 y 2025 se han registrado siete presidentes diferentes. Lo que en principio era una alternancia democrática normal, se transformó en un ciclo de destituciones, renuncias, vacancias y profundas crisis institucionales que erosionan la confianza ciudadana por la ineficiencia y la marcada corrupción en la política peruana.
Los cambios rápidos no siempre respondieron a procesos electorales, sino a impugnaciones, denuncias de corrupción, conflictos con el Congreso o crisis de legitimidad. Entre los nombres recientes figuran expresidentes que no terminaron su mandato, como el exgobernante removido en 2022, otro que renunció al cargo en medio de acusaciones, y otros derrocados por decisiones parlamentarias.
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Este historial de inestabilidad explica por qué las primarias de este domingo tienen una carga simbólica y política muy alta. No solo se definen candidaturas, también se pone a prueba la capacidad de los partidos para reinventar sus propuestas y presentar figuras más viables que en los últimos años, con ideas creíbles y capaces de retomar la gobernabilidad, la confianza ciudadana y la estabilidad institucional.
Las primarias servirán para que cada partido o coalición inicie formalmente su carrera hacia la presidencia. Se decidirá quién representará a cada agrupación en las elecciones generales. Dado el desgaste de los últimos gobiernos y la fragmentación política, cada nuevo candidato tiene el reto de proyectarse más allá de su partido, apelando a un electorado cansado de la rotación presidencial y la corrupción.
Esta elección preliminar llega en un contexto de crisis social, con desconfianza en las instituciones, reclamos por una reforma del Estado, demandas por mayor justicia y transparencia, y exigencias de cambio estructural. El próximo presidente no solo hereda un país con problemas económicos: debe enfrentar un sistema político fracturado, una ciudadanía desilusionada y una gobernabilidad cada vez más frágil.

Expresidentes peruanos encarcelados
Esta semana, el ambiente político y judicial en Perú estuvo marcado por dos sentencias que reflejan la gravedad del panorama político en el país. El jueves, el expresidente Pedro Castillo fue sentenciado a 11 años de prisión, por conspirar para cometer una rebelión fallida en un intento de mantenerse en el poder disolviendo el Congreso en 2022, y el expresidente Martín Vizcarra a 14 años de prisión por recibir sobornos por un monto cercano a US$676.000 cuando era gobernador, a cambio de otorgar dos obras públicas entre 2011 y 2014.
Tomado de La República
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