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Cúcuta Deportivo
Los recuerdos de Germán ‘Burrito’ González sobre el subcampeonato del Cúcuta Deportivo
“Nos decían el equipo de los contrabandistas. En la cancha nos entregábamos con el alma”, recordó el histórico jugador cucuteño sobre el subcampeonato de 1964.
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Gustavo Contreras
Gustavo Contreras Sabogal
Lunes, 16 de Agosto de 2021

Hablar del Germán ‘Burrito’ González, es hablar de un icono del fútbol nortesantandereano. Un histórico que supo defender la camiseta del Cúcuta Deportivo, como jugador, como técnico y como asistente.

En los casi 97 años del rojinegro, puede decir que es la única persona que estuvo en el subcampeonato de 1964  como jugador y el campeonato de 2006 como asistente técnico de Jorge Luis Pinto.

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Germán es una leyenda viviente que, con la pulcritud propia de su actuar, se ganó el respeto de toda una ciudad que lo vio vestir la camiseta de la Selección Colombia, el Deportivo Cali, América y el Deportivo Pereira.

A propósito de su historial, La Opinión lo contactó para conversar sobre el equipo de 1964, aquel que ilusionó a Cúcuta con el primera campeonato nacional profesional, pero que terminó rozando la gloria y quedando en el segundo lugar.

En dicho torneo, 13 equipos de tradición disputaron el título que finalmente defendió Millonarios. El formato contempló 48 fechas durante todo el año, dando la estrella al que más sumara. Por victoria, se otorgaban dos unidades.

El Cúcuta fue dirigido en el primer semestre por el uruguayo Juan Eduardo Hohberg, quien fue remplazado por el argentino Francisco ‘Pancho’ Villegas. Se contaba con figuras como Elías Rincón, Omar Verdún (goleador histórico del equipo), Heriberto Solís, Víctor Pignanelli, Julio Bruccesi, Cleto Castillo, Palomo Ramírez, Carlos Zas, entre otros deportistas.

En las 48 fechas pudo sumar un total de 56 puntos, uno menos que el azul capitalino. En la última jornada, en Manizales ante el Once Caldas, tuvo la oportunidad de igualar en unidades y forzar a una final, pero el empate amargó la ilusión del título.

Burrito, ese Cúcuta del 64 firmó una buena campaña cosechando una cantidad de puntos importantes que lo llevaron al subcampeonato. ¿Qué recuerda de ese gran año?

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Recuerdo muchas cosas. En el primer semestre el entrenador fue el profesor Juan Eduardo Hohberg, quien me unió al equipo y me dio la oportunidad de debutar.

Para el segundo llegó Pancho Villegas, el argentino, que por coincidencia estaba en Cúcuta de paso para ir a Venezuela y a la postre a su país. Tengo claro que los directivos, en una heladería de la ciudad, lo llamaron y le ofrecieron el cargo ya que Hohberg había marchado para Atlético Nacional.

Tenían a Verdún, quien a la postre sería el máximo goleador del equipo. ¿Cuáles eran las principales virtudes del grupo?

Los técnicos siempre supieron elegir y seleccionar a los jugadores para armar un buen equipo. Teníamos mucha responsabilidad, la afición fue muy querida, respondíamos con lo que ellos les gusta que son buenos partidos, buenos resultados y al final se pudo conseguir algo valioso.

El seguidor de fútbol en Cúcuta tiene esa virtud: a pesar de no tener una historia triunfadora, salía contento del estadio cuando veía entrega y gallardía en la cancha.

Así es.

¿Cómo llegó a conformar ese plantel?

En 1963 Hohberg me vincula. Para ese año jugué el primer torneo nacional Sub-20 en Girardot y terminamos de subcampeones por detrás de Cundinamarca. Luego de nuestra presentación, el Cúcuta nos hizo un partido amistoso en el General Santander. Todos queríamos mostrarnos.

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Terminado el partido, voy a las duchas y me sorprendí de grana manera cuando a eso de las 6:30 p.m. mis compañeros me gritaban “Burrito, lo necesita el profesor”. Pensé que era Peñate, el de la Selección Norte pero era Hohberg que entró al camerino ese domingo.

Lo vi y me dijo: Pibe, te espero el martes con una pantaloneta y un par de guayos para que entrene con nosotros.

Ni me imagino lo que sintió luego de esa conversación...

Mi emoción fue tan grande que no dormía, ni comía. Recuerdo que el entreno era a las 3:00 p.m. y a 1:00 p.m. ya estaba ahí.

A los jugadores los veía como unos monstruos, los veía gigantes. Ellos entraron al estadio y cuando iban a cerrar la entrada Zabala, el kinesiólogo, me preguntó que qué necesitaba y le comenté que el profesor me había citado. Lo llamó, salió él y me dio entrada para presentarme a los jugadores.

Dijo: “Este fue el pibe que les pintó la cara el domingo. A partir de hoy entrenará con nosotros”.

¿El primer acercamiento con quién fue? ¿Quién lo adoptó?

Me agarró Cleto Castillo y Quinta González quienes tenían un espacio en el camerino. Mi maletín era una bolsa de papel. En el camerino, Cleto dice en voz alta que por favor no se llevaran el maletín Adidas del chino González (risas)… fue una bienvenida pero al otro día me regaló uno original.

¿Cuándo debuta?

En noviembre de 1963, jugamos un cuadrangular con Bucaramanga y Sports Boys y Sporting Cristal de Perú. Pude marcar en un partido y de ahí no salí. En el 64, en pretemporada contra Medellín, volví a marcar y bueno, seguí todo el año hasta el empate en Manizales.

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Precisamente en Manizales ustedes empataron 1-1. Una victoria les daba la posibilidad de una final con Millonarios que en esa fecha descansaba. ¿Qué pasó? ¿Cómo es la historia de que viajaron por tierra desde Bogotá a Manizales?

Primero, el avión demoró en salir de Cúcuta a Bogotá y cuando llegamos ya había salido el que aterrizaba en Pereira y de ahí un bus nos llevaba a Manizales. Era una sábado en la tarde, en la Dimayor no había nadie, no existían los teléfonos celulares.

Los directivos, que viajaron con nosotros, se pusieron de acuerdo en El Dorado para viajar por tierra. Viajamos cuatro por taxi y tras de eso, cuando íbamos a una hora de camino, en una gasolinera, los conductores pararon y nos advirtieron que íbamos a pasar por una zona peligrosa entre las 2 y 3 de la mañana para que no habláramos pues salía un grupo armado.

Realmente no salieron y pararon como cerca de una hora mientras hacían un tipo de requisa.

Esa presión influyó. Del susto, me pasé de la ventanilla a la mitad que era aún más incómodo. Llegamos finalmente tipo  5 de la mañana del domingo. 

Supongo que llegaron reventados. ¿Cómo fue esa mañana en el hotel?

El kinesiólogo nos pasó una sudadera y un buzo a cada uno para hacer un estiramiento en un pasillo del hotel. A decir verdad teníamos nervios. La orden fue que nos ducháramos y durmiéramos hasta las 12:30 del mediodía. Pero creo que fui el único que hice caso.

¿Qué hizo el resto del plantel?

Todos llevaban mercancía de San Antonio (Venezuela) para vender en las ciudades a las que íbamos. Por eso nos decían el equipo de contrabandistas. Todos se fueron y el único que no llevaba era yo porque no mi sueldo no me alcanzaba para comprar (risas).

¿Y después?

Toda la mañana duraron en eso. No todos alcanzaron a almorzar. En el bus, recuerdo al kinesiólogo Zabala gritando Pignarelli, Cleto, Ayala. Ellos estaban en los negocios, medio comieron algo y luego fuimos al estadio.

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¿Qué decía el director técnico sobre esto?

Cuando llegamos al estadio, el periodista Javier Giraldo Neira entrevistó a Pancho Villegas y le preguntó sobre cómo estaba el equipo.  “Si vendieron la moral están bien, si no, están mal”, dijo Pancho. ¿Cómo así? Preguntó Giraldo.  “Si vendieron el contrabando porque ellos están pendientes es de eso”.

Durante la semana siguiente nos reunieron al camerino, nos hicieron una charla con alguien aduanero. Todo eso influyó en Manizales, pero no en el rendimiento, pues nos entregábamos con el alma.

¿En la cancha qué pasó?

El partido terminó 1-1 con los goles de los dos calvos de los equipos. Bruccesi por nosotros y Mirabelli por ellos ya terminando en el mismo ángulo. Nos tocó conformarnos con el subcampeonato.

Yo creo que si fuéramos llegado a una final la ganábamos. En las cuatro vueltas, a Millonarios le ganamos dos partidos y le empatamos dos. Teníamos una especie de ventaja anímica.

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